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domingo, 4 de marzo de 2012

Cómplices del silencio, entrevista a Vanessa Núñez Handal por Juan Diego Oquendo


Entrevista publicada en El Periódico el jueves 1 de marzo de 2012. <http://www.elperiodico.com.gt/es/20120301/cultura/208804/>.

La escritora salvadoreña Vanessa Núñez presenta su más reciente novela hoy: “Dios tenía miedo”, que narra la historia de Natalia, una joven de clase media que comienza a obsesionarse por el pasado de la guerra salvadoreña de los años ochenta y su investigación la lleva a conocer uno de los secretos mejor guardados de su familia. La autora se acerca al conflicto desde la óptica de los que no participaron, pero que dejaron que pasaran las atrocidades. Núñez vive en Guatemala desde 2002, ejerciendo en las universidades del Valle y Rafael Landívar. Núñez, autora de Los locos mueren de viejos, reside en Guatemala y actualmente coordina talleres sobre literatura, además de estar escribiendo otra novela. Sin embargo, conversamos con ella sobre Dios tenía miedo, que se presentó en la Feria de Guadalajara bajo F&G Editores y que ahora se presenta en el país.

Una cita de Julio Cortázar abre el libro. ¿Por qué este autor?
– La cita, pese a que Cortázar es de mis autores favoritos, no la escogí por él en concreto. Una amiga mexicana había dejado su tierra para estudiar una beca en Brasil. Estaba triste. Se cuestionaba mil cosas sobre su patria y la situación actual. Le causaba conflicto estar lejos y no poder hacer nada por México. Una madrugada de insomnio me envió esa cita de un poema de Cortázar. Le dolía su país, tanto como a mí el mío. Ahora que presenté el libro en Guadalajara, ella me acompañó y yo leí la cita. Fue muy emocionante para ambas. A los latinoamericanos nos duelen nuestras patrias porque 200 años después de su creación, seguimos sin saber quiénes somos.

¿Por qué trabajar la guerra civil salvadoreña desde la óptica de quienes no participaron en ella?
– Porque una guerra afecta a todos, y solo los bandos involucrados habían reclamado derechos sobre ella y sobre el dolor provocado por la misma. Pero quedarse paralizada, solo viendo los horrores, también es doloroso. Creo que esta historia no se había contado. Primero porque muchos creían que no había nada que contar. Segundo, porque muchos tenían –tienen– miedo. Y cuando se tiene miedo, o se huye o se ataca. En este caso la gente se lanza contra otros, sin entender que lo que les está impulsando es el miedo y no la necesidad de defender ideales que, al fin y al cabo, ni siquiera nos han pertenecido nunca.

¿Qué relación tiene usted con esta guerra?
– Crecí en ella. La guerra abarcó una buena parte de mi niñez y adolescencia. De los 5 a los 19 años. Mi generación y yo no conocimos otra cosa. Y creíamos que era normal vivir así. Mi familia, como muchas otras, se pensaba apolítica. Jamás hablábamos de la guerra en profundidad. Y el silencio termina por hacerte cómplice.

¿A qué se refiere el título “Dios tenía miedo”?
– A un tiempo de locura. La palabra Dios encierra una serie de normas que durante la guerra se transgredieron. A muchos de los que se llamaban cristianos les pareció bien y justo que un francotirador matara a monseñor Óscar Arnulfo Romero mientras oficiaba una misa. Creyeron que eliminándolo, eliminarían sus ideas. Y no fue así. Su Dios, el de los asesinos y de los cómplices en el silencio, estaba aterrado. Es una forma de ilustrar que durante la guerra dejamos de saber quienes éramos. Por eso, hasta Dios pagó la factura.

¿Cómo surge esta novela?
– Desde siempre quise escribir sobre mi país y sobre ese monstruo que aparece donde menos me lo espero. Comencé a leer mucho sobre la guerra. A preguntar. Me di cuenta de que hay tantas guerras salvadoreñas como personas. Que no existe “una” guerra, sino varias. Así que opté por contar la mía. Me fui a leer periódicos y libros de diversas fuentes. Había que saber leer entre líneas. La realidad estaba muy deformada. Y no digo que yo haya logrado encontrar la verdad, pero al menos sí tener clara mi película.

¿Le obsesiona a usted como escritora el tema de la guerra como a su protagonista?
– Creo que a todos los salvadoreños de mi generación, por mucho que lo disimulen, nos obsesiona la guerra. Precisamente porque aún no la comprendemos. Es una sombra sin forma. Algo que nos marcó, que conocemos qué sabor y qué olor tiene, pero no sabemos cómo nombrarla. Somos una generación especial y espero que de nosotros salga el cambio. Tengo mucha fe en ello. Pero antes, tendremos que hacer un gran esfuerzo por desmontar los mitos y los prejuicios, y esto solo es posible mediante la información que aún hoy día, muchos se resisten a escuchar.

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