jueves, 17 de mayo de 2012

Convocatoria: Democracia y globalizacion en Guatemala, Centroamerica y el Caribe


Congreso conmemorativo 25 aniversario de Flacso Guatemala: Democracia y globalizacion en Guatemala, Centroamerica y el Caribe

CONVOCAT0RIA

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO, sede Guatemala, en ocasión de conmemorar su 25 aniversario invita a la comunidad académica de las ciencias sociales, nacional e internacional, especialmente a la comunidad académica del sistema FLACSO, docentes, investigadores y egresados, a presentar trabajos académicos (ponencias, ensayos, artículos, proyectos y avances de investigaciones) en el Congreso conmemorativo 25 aniversario de FLACSO Guatemala: Democracia y globalización en Guatemala,  Centro América y el Caribe, el cual se realizará en la ciudad de Guatemala, los días 28, 29 y 30 de noviembre próximos.
Misión

Conmemorar el 25 aniversario de la FLACSO Guatemala a través de un espacio de divulgación, difusión, reflexión e intercambio de experiencias y resultados de trabajos de investigación social que tomando en cuenta la perspectiva de género y etnicidad como aspectos relevantes,  tengan un impacto cultural, científico, académico, económico, político y social en la región centroamericana y el Caribe.

Objetivos:

a)    Propiciar la exposición, análisis y discusión de trabajos académicos que permitan reflexionar sobre los cambios socio - económicos y político culturales sucedidos en este cuarto de siglo en América Latina y particularmente en Centroamérica, el Caribe  y Guatemala.

b)    Identificar los retos estratégicos para el desarrollo socio - económico y político cultural de las sociedades centroamericanas y el Caribe pero con énfasis en  Guatemala y los aportes que en esa dirección deberían hacer las ciencias sociales.

c)    Estimular la reflexión analítica sobre la problemática estructural y coyuntural de la sociedad guatemalteca y de la región Centroamericana y del Caribe por parte de docentes y egresados de las unidades académicas de FLACSO en México, Centro América  y el Caribe,  así como de analistas e investigadores sociales que mantienen vínculos e interés en el quehacer académico de FLACSO.

d)    Propiciar un espacio de intercambio y socialización del desarrollo académico que han alcanzado  los egresados de los diferentes programas docentes de FLACSO Guatemala.

Ejes temáticos

Las ponencias deben estar enmarcadas en los siguientes ejes temáticos:

1)      La evolución de la  Democracia en Guatemala, C.A. y el Caribe,  en los últimos 25 años.

  • El proceso de reconfiguración del Estado (el rol de las élites políticas y económicas, los movimientos sociales, el papel de los militares, la comunidad internacional).
  • Crisis y reforma del sistema político.
  • Derechos humanos y ciudadanía.
  • Los medios y empresas de comunicación.
  • La democracia en Guatemala en el contexto regional de Centro América y América latina.
  • La situación y el rol de los sistemas educativos en la construcción de la democracia.

2)      Crisis capitalista global y alternativas de desarrollo  económico para Guatemala, C.A. y el Caribe.

  • La magnitud de la crisis de la globalización económica y sus implicaciones para los países pequeños y en vías de desarrollo.
  • Los ejes de acumulación del modelo de desarrollo económico de Guatemala, Centro América y el Caribe, durante los 25 años de FLACSO y sus efectos socio económico y político culturales en nuestra sociedad.
  • Las repercusiones socio ambiental y territorial de la articulación de las economías guatemalteca, centroamericana y del Caribe a la economía mundial.

3)      Movimientos culturales, desarrollo y sociedad en Centroamérica, México y el Caribe en los último 25 años.

·        Transformaciones sociales desde la perspectiva cultural en América Latina, Centro América y el Caribe.
·        La construcción de identidades sociales y los movimientos socio culturales en América Latina, Centro América y el Caribe en los últimos 25 años.
·        Rupturas, transformaciones y continuidades socio culturales en América Latina, Centro América y el Caribe.

Calendarización 

·        Entrega de resúmenes
15 de junio
·        Anuncio de aceptación
30  de junio
·        Fecha final de recepción de ponencias
14  de septiembre
·        Fechas de Inscripción con descuento del 25% del costo.
15 sept al 15 de octubre
·        Congreso
28, 29 y 30 noviembre
Inscripción al Congreso

a)      Participantes sin ponencia

·        Docentes y/o investigadores latinoamericanos no miembros del sistema FLACSO 
$ USA:50.00
·        Docentes y/o investigadores miembros del Sistema FLACSO
Sin costo

·        Egresados de los programas de formación de postgrado del Programa Centro Americano de Postgrado
$ USA:25.00
·        Egresados de los programas de formación de los cursos de especialización, actualización, diplomados superiores acreditados por FLACSO Guatemala.

$ USA:10.00

b)      Participantes con ponencia: Quienes participen en el Congreso con ponencia, o como moderadores de mesa están exentos de pago.
c)      Quienes cancelan su inscripción dentro del período establecido (15 de septiembre al 15 de octubre) serán favorecidos con un descuento del 25% del costo.
d)      Depositar el valor de la inscripción a la cuenta: Flacso matrícula, No. 204-006408-9 del Banco Industrial, Convenio No. 1319.
e)      Pueden también solicitar boleta de pago en el Banco y llenar los siguientes datos: Convenio No.1319,  el número de NIT, cédula o DPI de los participantes nacionales, o pasaporte de los participantes extranjeros, a nombre de FLACSO/Congreso 25 Aniversario, nombre del participante y el Valor que deposita.

Presentación de las ponencias

·        Presentar un resumen de las ponencias de un máximo de una página.
·        Las ponencias deberán ser remitidas a: congreso25aniversario@flacso.edu.gt con atención a  Ingridd Gill.

Guatemala, 17 de abril de 2012

martes, 24 de abril de 2012

¿Capturado o rescatado?



Entre los libros que F&G Editores “liberó” el viernes 20 de abril como parte del “book crossing” promovido por la Gremial de Editores estaba La posiblidad de Miia Hakala del escritor españo Alberto Torres Blandina.
El libro fue dejado “olvidado” por una pasajera de uno de los autobuses que circulan por la Calzada Roosevelt. Pero al dejarlo olvidado, ella no bajó de inmediato del autobus sino que solo se cambió de lugar, quería ver qué pasaba con el libro. Lo primero que observó fue que el policía que iba custodiando al piloto vio hacia el asiento una vez, dos veces, pero no se tomó la molestia de acercarse y tomar el objeto olvidado.
En la siguiente parada del autobús subieron al mismo un hombre adulto y una mujer joven, aparentemente su hija. Ambos dirigieron sus miradas hacia el asiento sobre el cual estaba abandonado el libro, expectante de cuál sería su futuro inmediato. Padre e hija intercambiaron miradas, inseguros de qué hacer con el tesoro abandonado. Finalmente la joven mujer se atrevió, lo tomó en sus manos, le vio la portada, la contraportada, el lomo. En su actitud se ponía de manifiesto mucho desconcierto, no sabía que hacer.
Luego de un ligero momento de titubeo abrió el libro y por la sonrisa que le regaló a su padre se deduce que leyó la etiqueta que decía: “Este libro es para que usted lo lea y lo comparta una vez lo haya leído”.
No fue posible deducir si padre e hija decidieron que no podían apropiarse de un libro abandonado, o si el policía se percató de que podía ser algo interesante, para leerse, o para incluirlo en su reporte diario; lo cierto del caso es que lo último que el abandonador de “La posibilidad de Miia Hakala” pudo ver fue cuando la joven mujer le entregó al policía el libro.
Han pasado más de 72 horas y no hemos recibido ningún mensaje que nos informe del aparecimiento con vida y posterior adopción de “La posibilidad de Miia Hakala”. Tampoco hemos recibido llamadas teléfonicas extorsivas donde nos pidan dinero a cambio de la devolución del extraviado. Oficialmente, de parte de la Policía Nacional Civil nadie se ha comunicado con nosotros para informarnos del aparecimiento de un objeto de nuestra pertenencia; y extraoficialmente tampoco hay operativos de vigilancia en torno a nuestras oficinas por realizar actividades sospechosas en autobuses urbanos. Los libros siguen siendo sospechosos.

domingo, 22 de abril de 2012

Viaje hacia la noche, Marco Antonio Flores (fragmento)




El amor y la muerte

¿Cómo entienden las mujeres el mundo? Nunca lo he sabido. Incluso ahora que recuerdo mi vida no lo­gro encontrar una señal que me dé certeza a esa interrogante. Sólo intuyo. Y mi intuición no me con­duce a ningún lugar. Ellas se mueven como en la sombra, construyen sus propios espacios cerrados a los cuales el hombre no alcanza penetrar. Un hom­bre y una mujer enfrentados en la unidad son dos des­conocidos. Cada uno traza su propio camino y estos quizá jamás se encuentran. Así que lo que uno busca en ellas es lo desconocido, lo extraño, el mis­terio; el que si alguna vez logra esclarecer va a alcan­zar el conocimiento y la sabiduría, nunca la felici­dad; porque el descubierto al verse desnudado se con­­vierte en enemigo del otro.
Aquella muchacha que había logrado desatar los nu­dos que me unían a la señora –como la tildaba mi madre–, era extraña, era un misterio, el misterio. Cuando la conocí navegaba con la careta de la felici­dad. Pero siempre supe, no sé por qué, que era una máscara, un gesto falso, impostado. La primera vez que la vi subía las escaleras del Conservatorio Nacio­nal de Música tomada de la mano de un amigo; más bien, de un compañero mío de la Facultad de Medi­cina. Ambos tenían alguna experiencia en el queha­cer teatral. Así que aquella noche llegaban para ini­ciar los estudios en la Escuela Nacional de Teatro. También yo estaba ahí para eso. Cuando los vi tren­zados de la mano intuí alguna falsedad en aquella forma de ligarse físicamente, pero que sólo era eso: la superficialidad de un gesto que explica la inca­pacidad de la unión interna, esencial, entre dos seres que navegan por la realidad con una bandera que los protege de sí mismos y de los demás. Mi com­pañero parecía más seguro de lo que sentía; ella tenía la mirada perdida, como si estuviera refugiada en una barca extraviada en medio del océano des­pués del naufragio de la nave en la que viajaban. Me la presentó y ella me tendió la mano pero no me miró. Era preciosa, menuda, indefensa exteriormen­te, pero se adivinaba en su interior una fuerza incon­trolable que me sorprendió y me asustó. Asumí la relación sin ninguna convicción. Y se mantuvo mu­cho tiempo así, de lejos, de muy lejos. Yo por enton­ces vivía con intensidad aquella relación con la mu­jer casada que me sacaba diez años de edad. No lograba fijarme ni en el rostro ni en los gestos ni en las angustias y frustraciones de otra mujer, fuera esta quien fuera.
Pasaron muchos meses y diariamente miraba sin mi­rar la misma imagen: una pareja que subía las es­caleras tomada de la mano, en la que uno de los dos man­tenía siempre esa actitud hierática e indiferente ante la solicitud, el enamoramiento, la deferencia y el obvio amor de su pareja. A instancias del mu­chacho, del novio, decidimos iniciar el montaje de una obra teatral fuera de los marcos de la Escuela. Pa­ra aquello organizamos el grupo y buscamos y en­contramos la obra adecuada para su montaje. Un grupo teatral que está preparando la puesta en esce­na de una obra se convierte en un crisol en el que todos sus componentes forman una mezcla que poco a poco se va convirtiendo en una masa consistente que se utiliza para construir una unidad expositiva. Para lograr esto, los miembros del grupo deben esta­blecer una corriente intensa entre todos ellos. Ella no alcanzaba a encajar. Siempre estaba en otra gala­xia. Aquello comenzó a atraerme, a inquietarme, hasta que un día desapareció, no llegó al ensayo. Luego de dos días de ausencia que nos estaban desa­justando la unidad y la continuidad del trabajo, su com­pañero nos confió la razón: aquella niña de dieciocho años había intentado suicidarse. La impre­sión del grupo fue tal que en ese instante se suspen­dió el montaje. Pero a mí aquello me descolocó. En mi experiencia no tenía un antecedente trágico de esa dimensión. Es más, incluso cuando a los veinte años yo había decidido, muy prematuramente, que cuando mi vida la considerara sin sentido yo termi­naría con ella, aquello me traumatizó. Por primera vez reparé en ella como ser humano, como mujer. Aquella noche tardé mucho en dormirme, pensaba re­currentemente en ella y en su intento de suicidio. ¿Qué podía haberla llevado a aquello? ¿Qué terrible ra­zón habría para que lo hubiera intentado? ¿Cómo, de qué forma lo había hecho?
Al día siguiente nos reunimos en la platea, frente al escenario donde ensayábamos para discutir sobre el futuro de nuestro trabajo. La obra de Dino Buzatti se cancelaba definitivamente, pero ¿qué haríamos de ahí en adelante? Mientras se hablaba de aquello yo seguía pensando en la muchacha suicida. Al final, cuando llegamos (o más bien, llegaron) a con­clu­siones, yo propuse que nos fuéramos a una can­tina cercana a bebernos un trago. Aceptaron. Mi plan estaba en camino.
Compartimos charlas sobre teatro y otras preocu­paciones comunes; en el momento menos esperado le pregunté a mi cuate de la Facultad y novio de aquella niña ¿cómo intentó suicidarse tu novia, y por qué? Él pegó un respingo y los demás se calla­ron, asombrados. Pensé que nunca me iba a respon­der. Luego de un corto pero intenso silencio comen­zó su relato: “No es la primera vez. Hace alrededor de un año y medio su padre abandonó la casa por otra mujer. Dejó a la familia, su mujer y cinco hijos ca­si en la indigencia; no volvió a ocuparse de ellos, ni del pago del colegio, ni la alimentación ni la ropa: na­da. Tuvieron que rentar la casa donde vivían y, en los últimos cuartos del fondo, hacinarse, constru­yendo una cancel de madera para separar las vivien­das. Yo tuve que hacerme cargo de muchos de los gastos porque ella ya era mi novia. Fue entonces que se decidió nuestro casamiento. (Aquella noticia me conturbó todavía más). Una noche recibí un lla­mado de la madre, quien angustiada me avisó que su hija estaba en el hospital, que había intentado ma­tarse ingiriendo una gran cantidad de pastillas para dormir: que la habían llevado de emergencia al hospital en donde le habían hecho un lavado y que ahora estaba en terapia intensiva porque no se sa­bía aún si sobreviviría. Desde entonces vivo en un hilo. Desde que me levanto hasta que me acuesto vi­vo pendiente de ella. Se me ha convertido en una ob­sesión. Intento darle todo lo que soy y todo lo que tengo. Pensé que con mi entrega ella lograría superar la carencia y el abandono de su padre. Cons­truí un segundo piso para colocarle un hermoso dor­mitorio y que dejara el hacinamiento con sus her­manos. Entre ellos se ha despertado un odio mu­tuo intenso y destructor. Ahora ya no sé qué pensar. Anoche volvió a intentarlo ingiriendo somníferos en gran cantidad y un cuarto de aguardiente. La salva­ron de milagro.”
Cuando terminó su relato aquel hombre de vein­ticuatro años, un año mayor que yo, estaba llorando. Yo no lograba develar lo que sentía. Estaba fuera de mí. Era otro enfrentado a mí. No quería sentir lo que sen­tía. No quería descubrir mi miseria humana. Pero muy en el fondo de mí sabía que sentía una atracción en­fermiza por aquella tragedia cargada de muerte y por su víctima.
Pasaron algunas semanas y una tarde, minutos an­tes de que dieran inicio los cursos en la escuela de teatro, vi aparecer a aquella pareja subiendo las es­caleras tomados de la mano. Sentí que la cólera me subía por el esófago y se me alojaba en la gargan­ta. Fue algo inesperado, jamás me había importado. Sentí envidia y, finalmente, el cuerpo se me aflojó y me recosté en la pared con la espalda flácci­da. Hasta a mí llegaron ambos. No los quería cerca pero me rodearon, como acosándome. Miré los ojos de ella y me asusté. Comprendí que él le había con­tado acerca de mis preguntas en la cantina y me sentí atra­pado. Sus ojos, que jamás levantaba para mirar a nadie estaban fijos en mí. Algo se me desprendió den­tro y supe que estaba atrapado. Comprendí que no podría escaparme y el cuerpo se me lle­nó de alegría y de energía, fijé mis ojos en los su­yos y acepté lo que me ofrecía.
Durante varios días deambulé dentro de mí in­tentando explicarme lo que me había pasado. Me sen­tía traidor. Traidor a todo y a todos. Pero no podía desprenderme de su mirada. Llegaba a la es­cuela y me sentaba hasta atrás, para no mirarla. Pasa­ba las tardes haciendo el amor furiosamente con la señora (como le llamaba mi mamá), pero al llegar y mirarla me olvidaba instantáneamente de todo. Has­ta que me cansé de mí mismo y de mis extraños procederes; me cansé y comencé a planificar la for­ma de llegar a ella sin que mi amigo lo sospechara, y menos se enterara de ello.
No hubo necesidad. Una mañana, como a las sie­te y media, cuando acababa de llegar de deambu­lar toda la noche por cafés y cantinas tratando de recordar y de olvidar sus ojos, tocaron a la puerta. Abrió mi madre, subió las gradas y tocó la puerta de mi recámara. Adormilado pregunté que quería tan temprano. Te buscan. Quién. Una mucha­chita. Enfa­tizó la palabra y en su tono se adivinaba una alegría extraña. Me levanté y me vestí; salí, me la­vé la cara en el baño que quedaba al lado de mi ha­bitación y bajé las escaleras. Al pie estaba mi ma­dre. Dónde está y quién es. Es una niña preciosa y está en la sala. Cuando me asomé la encontré sen­tada en el sillón. Sentí un golpe en el estómago y una erección inicial que me obligó a sentarme. Nos fui­mos caminando despacio hacia el instituto donde es­tudiaba. Durante todo el camino no hablamos. En la tarde, a la hora de salida del estudio, llegué por ella. Mi mente estaba en blanco. Durante todo el día intenté pensar en lo que haría pero siempre termina­ba pensando en la señora, en mi amigo, en mi capa­cidad de traición y miseria. Caminamos de nuevo en si­lencio. Pasamos enfrente de mi casa. Ella vivía a unas cinco o seis cuadras. Llegamos al Cerro del Car­men y no seguimos hacia donde ella habitaba. Su­bimos la colina y nos sentamos en una banca anti­gua de piedra que estaba debajo de una tupida enra­mada. Juntos, adheridos, amalgamados, sin mover­nos. Subí el brazo y le rodeé el cuello. La besé.


Otros enlaces: 


viernes, 20 de abril de 2012

Tikal Futura, por Ángel Elías




Tomado de Prensa Libre, 20 de abril de 2012, página 54.

En el relato, Galich sumerge al lector en un país que tiene dos lugares habitados, los de Ciudad de Abajo y los de Ciudad Arriba. Se desarrolla en la Guatemala del futuro, donde la población fue dividida en dos. Unos habitan el mundo contaminado y oscuro, y otros, los privilegiados, están en un complejo habitacional en las alturas. Muy pocos se percatan de lo que sucede en ambos mundos.
Es una representación crítica de los valores actuales y los estratos sociales existentes.

Más del relato 
Galich, de manera hábil, disfraza su denuncia, dibujando su narración en una Guatemala ficticia donde “los de arriba” pretenden construir un complejo turístico y vacacional llamado Tikal Futura.
Este entretenimiento incluye caza de personas, violaciones y esclavitud, todo dirigido hacia “los de abajo”. Con pasajes sádicos y sanguinarios, los primeros someten a la población que no tuvo el privilegio de ingresar en la ciudad del mundo superior.
Es una visión literaria, aterradora y nada alentadora del futuro de los países centroamericanos. Utiliza los recursos del Popol Vuh para explicar pasajes del relato y los mezcla con un futuro sombrío.
El relato dibuja de manera muy particular la relación de clases sociales en los países del istmo.
Dentro de la trama hay figuras literarias que nos recuerda mucho las persecuciones del tiempo de la guerra interna en Guatemala: sociedades convulsas que buscan la igualdad de oportunidades y de trato.
En otra parte de la novela se forma un comando de rebeldes que luchan por equilibrar la desigualdad social.
Esta novela es un proyecto arriesgado, por lo que implica escribir sobre el futuro. Las relaciones sociales y humanas en su conjunto hacen de esta novela una agradable lectura.

Viaje hacia la noche, revista Weekend, Prensa Libre

A caballo entre filosofía y narrativa, Marco Antonio Flores reflexiona en este documento acerca de su vida. No pregunta, como los antiguos filósofos, pero responde sin ambajes ni temores acerca de las más clásicas preocupaciones existenciales. Es una obra "de senectute" que a pesar de pretender exhibir la oscuridad de un ser humano, a la larga sirve o podría servir para iluminar el derrotero de otros. Tal vez se resuma en una frase que cita Kazantzakis: "No creo en nada. No espero nada. Soy libre".

Revista Weekend, Prensa Libre, 20 de abril de 2012, página 4.

jueves, 19 de abril de 2012

“Fue querer practicar la democracia y al mismo tiempo practicar la guerra”, entrevista a Edelberto Torres-Rivas por Oswaldo Hernández

“Fue querer practicar la democracia y al mismo tiempo practicar la guerra”, entrevista a Edelberto Torres-Rivas por Oswaldo Hernández

 

Esta entrevista fue publicada originalmente en Plaza Pública (http://plazapublica.com.gt/content/fue-querer-practicar-la-democracia-y-al-mismo-tiempo-practicar-la-guerra)

 



En Centroamérica hubo una victoria, un empate y un impasse. Una Revolución (Nicaragua) e intentos revolucionarios (El Salvador y Guatemala). Estos últimos no del todo exitosos ni fracasados, pues como advierte el sociólogo e investigador, Edelberto Torres-Rivas, “ya no es válido el dictum de Kissinger: ‘guerrilla que no pierde, gana; y ejército que no gana, pierde’”. Hubo, sí, como Torres-Rivas analiza en su último libro, Revoluciones sin cambios revolucionarios, escenarios de profundidad: circunstancias, actores, detonantes y, desde luego, el meollo particular de la lucha por la democracia.

Con voz cansada que confía antes en lo ya escrito que en lo nuevo que pueda o tenga que decir, Edelberto Torres-Rivas propone mejor una entrevista directa a su libro y no ya con el autor. Se intenta, no obstante, que los cinco capítulos de su libro conformen un hilo conductor, una guía, reforzada con sus palabras y refuerzo su talante desgastado. “No es una investigación en el sentido empírico de búsqueda de datos, sino una ordenación e interpretación de relatos, cifras y datos que otros investigadores recogieron o produjeron”, dice, y agrega que también: “hay críticas, además, provocadoras, que poco van a gustar”.

De igual manera, hay aportes.

Este último trabajo de Torres-Rivas es un tándem entre historia y sociología. Entre contextos específicos y análisis pertinentes. Una reflexión, un intento de desenmarañar lo que aconteció y cómo. Qué actores, poderes e ideologías se mantuvieron en pugna. Intentos revolucionarios, en principio muy parecidos pero en definitiva con resultados distintos. “La idea central es de doble faz, la necesidad de revolución y la imposibilidad de realizarla”, aterriza el autor.

Es entonces una historia de elites, militares, proletariado, campesinos, iglesia, alrededor de un Estado a veces fuerte y otras, débil, con rasgos terroristas, así como la narración del ubicuo pero subrepticio interés de los norteamericanos por el control de la región en plan anticomunista.

Si hay que plantar inicio, Edelberto Torres se remonta al primer concepto del Estado centroamericano, el cafetalero, finquero y terrateniente, liberal, que de 1871 a 1930, comenta, era “una agricultura de exportación, con algunos rasgos capitalistas (industrializado) y otros pre-capitalistas (colonial)”. Es decir, era dos cosas a la vez.

¿Es así como las elites van comprendiendo el Estado, su herencia, su capacidad reaccionaria?
–La oligarquía es el resultado de una contradicción doble. Apoyaba formas económicas precapitalistas que le daban atraso, y también modelos capitalistas que le dejaban competir en el exterior. Llamarla ya oligarquía era una forma de gobernar. Un estilo de vida además. Las elites han tenido una comprensión sistemática sobre el Estado, siempre.

¿Pero las primeras exigencias democráticas al menos les impusieron una prueba?
–Las vieron, ciertamente, como una amenaza total al sistema político que conocían. Superando el estancamiento provocado por la crisis económica mundial, periodo posterior a 1945, empezó la crisis política del orden oligárquico liberal. Profunda porque el desafío surgió desde abajo y desde afuera. Las masas populares derribaron las dictaduras militares en El Salvador y en Guatemala (1944). En Nicaragua, el descontento social se expresó en el primer desafío del Partido Conservador contra el régimen de Somoza (1945).
Por eso, en el orden de las cosas, este libro halla necesidad en detenerse, meditar y establecer pausas sobre este acontecimiento histórico y otros. Se trata, en primera instancia, de lo que siguió a las revoluciones de 1944 de Centroamérica, estas revoluciones que el analista ubica como “proyectos nacionales populares” y que fueron derrotadas. “Fueron la estructura agraria, la finca y las relaciones pre capitalistas las que lo impidieron”, argumenta.
De ello, de esa década entre 1944-1954, al menos quedarían remanentes de democracia. Como señala enérgico el autor, “no se produjo una abierta restauración del pasado liberal-oligarca en su expresión más negativa, un regreso al ubiquismo. Varios rasgos del cambio reformista se mantuvieron, a tono con como se operaba en toda Centroamérica. Las raíces de la nueva crisis revolucionaria, no obstante, se ubicaron ahí”.

DE LO LIBERAL A LO DESARROLLISTA
Hubo, aún se recuerda, una nueva crisis económica a finales de los sesenta: la deuda externa. Y en Centroamérica tuvo efectos profundos, sociales, ciclos críticos.
Sin embargo, como explica el sociólogo, en los países del istmo, “el ciclo crítico se fortaleció con el crecimiento económico y no con su crisis”. Y como resultado hubo cambios en la estratificación social. Las clases medias emergieron, hubo organización sindical por parte de los obreros y el campesino (ahora sin tierra) se convirtió en un trabajador agrícola transitorio, semiproletariado. “El boom modernizador fue una experiencia nueva del reparto desigual del bienestar”, señala Torres-Rivas. Un contexto al que el investigador añade que “así como a la clase obrera le gusta autodefinirse por sus intereses, a la burguesía no y es siempre desde el exterior que se le califica”.

En la transición del Estado liberal a uno desarrollista, en los años sesenta, ¿fue natural que las “oligarquías” evolucionaran en “burguesías”?
–Aquí nos pasó lo peor que podía suceder en aquel entonces, las mismas familias del sector cafetalero invirtieron en la industria. Cambió así el factor de sus intereses. Industria y agricultura, juntas, alteraron las relaciones y las estructuras sociales. La oligarquía se reafirmó en forma de burguesía y su producción se volvió más sofisticada. En consecuencia se crea un nuevo modelo de Estado. El Estado en Centroamérica empezó a dejar de ser liberal con formas traumáticas y fue desarrollista con dificultades, a medias.

La página 163 literalmente dice: “y apareció el burgués trípode… Esta criatura deforme no podía ser democrática pues retuvo el alma oligárquica y los modales autoritarios, el rostro burgués pero el corazón en la hacienda, amor por lo extranjero, miedos a la movilización popular”. ¿Cómo es/era la existencia de esta burguesía?
–Esta burguesía retrasada perfila mejor su existencia cuando se organiza gremialmente como grupo de interés social, es decir, cuando corporativiza sus intereses frente a los poderes públicos y desde la sociedad. Ejemplos de esta entidad son Fundes en El Salvador, Consejo Superior de la Empresa Privada en Nicaragua (Cosep) en Nicaragua y el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif) en Guatemala, poderosas en fuerza corporativa de los intereses reunidos políticamente y altamente sensibles frente a iniciativas fiscales, sociales, laborales que les atañe. La burguesía completa su identidad cuando se defiende como clase y no sólo como gremio, desarrollada con ocasión de las luchas revolucionarias que debieron enfrentar.

En una sección de análisis, el libro plantea una condición interesante para entender las revoluciones en Centroamérica, una diferencia, una distinción entre “luchas de clases” y “luchas nacionales populares”. ¿Por qué?
–La experiencia de Nicaragua es iluminadora porque los sandinistas formaron pueblo, pues su éxito movilizador fue la habilidad para atar una ideología antimperialista, profundamente nacional, como la figura de Sandino, con un sentimiento antidictatorial, representado en la figura de Somoza. La revolución no fue socialista sino democrática-popular. Lo ocurrido en Guatemala fue distinto por la dimensión étnica, que sólo se clarifica después de la derrota. La gran innovación fue el rasgo étnico, que tiene reivindicaciones más nacionales que clasistas, radicales, porque la participación indígena, que se quedó en el comienzo, fue el anuncio prefigurado que aquí ocurriría un cambio profundo. La historia de El Salvador ofrece una cadencia opuesta, el Estado oligárquico fue un poder militar, su sentido de clase se acentuó por su alta concentración familiar, multisectorial; frente a esta elite se desarrolló un movimiento popular que pasó del sindicalismo artesanal y luego del obrero a lo político-militar. El farabundismo no se articuló nunca como una identidad nacional. En Guatemala y El Salvador la lucha fue de clases. En Nicaragua, democrática popular.

¿Cómo entender una “lucha de clases” en el sentido del campesinado guatemalteco cuando se le ubica también como etnia?
–Los indígenas no son clase, son un sector nacional. En la lucha de clases no hay distinción de la etnia. La crítica que yo hago es que la guerrilla se pasó años metida en la selva tratando de incorporar al indígena no como campesino, sino como indígena. Y los dejaron abandonados. El factor para no incluir a este sector no lo he estudiado a profundidad. Pero puede ser por dos motivos: 1) El indígena siempre fue aprehensivo con su cultura, y temeroso de los extraños. Lo que no generó relaciones de confianza. 2) O no plantearon bien las cosas. Para enfrentar al terrateniente hay que entenderse como campesino y no como indígena. Pero no vale la pena. No es lo más importante en el libro.

Usted indica que el modelo en Centroamérica fue el de revoluciones urbanas en sociedades rurales.
–La única insurgencia victoriosa, la de Nicaragua, no reprodujo el modelo campo-ciudad de Cuba, los sandinistas pelearon sus éxitos en ciudades del interior y no en la sierra y su tropa de combate era esencialmente urbana.          El recorrido de la insurgencia salvadoreña y guatemalteca fue heteróclito y ambiguo. ORPA tenía un 90 por ciento de campesinos indígenas en sus filas pero ninguno en la comandancia; su dirigencia elaboró propuesta en torno a la discriminación racial.

Se crítica, también, la cuestión ideológica de la guerrilla.
–Al plantear una ideología socialista como principio de la lucha, la guerrilla se cerró. Más de 20 países en Latinoamérica quisieron reproducir lo que había sucedido en Cuba. Ninguno se detuvo a analizar, por desinterés, falta de tiempo, o irresponsabilidad, que la revolución cubana no inició anunciando que era socialista. La del “26 de julio” fue esencialmente una lucha antidictatorial que contó con el apoyo, así reconocido, de un amplio frente civil democrático en toda la isla y las simpatías de los norteamericanos. Esa no fue una guerrilla socialista, ni siquiera radical pues sólo después de Playa Girón, julio de 1962, se reconoció así cuando Fidel anunció el carácter socialista del movimiento y del gobierno y meses después, cuando propuso fundar el Partido Comunista. La imitación desde el entusiasmo, la emoción, el sentimiento y la aventura condujo a miles de jóvenes latinoamericanos a diversos ensayos de improvisación suicida.

¿Por lo mismo hay, en el libro, una crítica a la prolongación de la guerra?
–Empezar una guerra que no se puede ganar, que no tiene certezas mínimas para triunfar, constituye además un crimen. Estas aporías suponen el sentimiento o la voluntad frente a la historia, la impaciencia frente a las estructuras, el sujeto enfrentando la sociedad. Es difícil que suceda una situación revolucionaria pues si la crisis previa no existe, la voluntad más audaz se estrella con la realidad de la coyuntura, la impaciencia contra la estructura.

Páginas antes y en dos capítulos anteriores, en el contexto de los Estados Desarrollistas de Centroamérica, Edelberto Torres-Rivas también ubica una ideología para los grupos dominantes. “El anticomunismo se convirtió en la excusa para la persecución política, en la época febril de la Guerra Fría. Por esa razón en sociedades agrarias como las centroamericanas fue la ideología de la derecha, de las políticas contrainsurgentes, del terrorismo de Estado”, escribe.
Y sustancialmente, dice el analista que se duda de sus alcances ideológicos por su “elaboración local”, porque el anticomunismo “se movió negando, con un prefijo que no define sino niega una teoría, y no razona para constituir una contra-ideología”
“Fue, sin duda, una gran victoria de la derecha, pues fue la oportunidad ideológica para defenderse de los proyectos revolucionarios”, apunta Torres-Rivas. Y el libro describe, históricamente, que la proclama aglutinó sectores, desde “tirios y troyanos”, ironiza Rivas, hasta ricos y pobres, campesinos y finqueros, “que ganaron más voz que voto y que conformaron un frente contrarrevolucionario mayoritario”.
“El anticomunismo”, dice el autor, “sirvió a las fuerzas de derecha para legitimar primero a las dictaduras militares y luego los momentos terroristas de lo estatal”.

MILITARES Vs. REVOLUCIONES
¿Qué sucede o qué decir del papel del ejército en el poder de ese entonces?
–Hubo un momento, una época específica, en que los militares se dieron cuenta de que no podían seguir actuando como caudillos ni como dictaduras. Si necesitaban ser actores del poder debían cambiar de estrategia, gobernar como institución, como fuerza armada. Establecieron la democracia como estrategia. Y actuaron como cancerberos de la oligarquía.

¿Es esa la “democracia contrarrevolucionaria” que contiene gran parte del contexto en el libro?
–Esta “democracia” fue, digamos, una dictadura militar de nuevo tipo, autoritario, que practicó un pluralismo limitado y una competencia formal, intentando resolver de esa manera dos desafíos de toda política del poder: el problema de la sucesión y el problema de la legalidad a los que todo régimen aspira. El poder autoritario se movió a través de una bien articulada formalidad de gobiernos militares que practicaron elecciones democráticas.

El caso de esta democracias-autoritarias es ejemplificado en Revoluciones sin cambios revolucionarios a través de dos Estados: “Aparece la dictadura institucional del ejército en Guatemala a partir de 1966 y en El Salvador desde 1962; en este país, por momentos, hasta con pretensiones reformistas en el agro”.
Torres-Rivas describe: “En El Salvador fueron gobiernos de los coroneles Julio Adalberto Rivera (1962-67), Fidel Sánchez Hernández (1967-72), Arturo Armando Molina (1972-77) y del general Carlos Humberto Romero (1977-79). En Guatemala fueron los gobiernos de Julio César Méndez Montenegro (1966-70, civil condicionado por el ejército), los generales Caros Arana Osorio (1970-74), Kjell Laugerud García (1974-78) y Romeo Lucas García (1978-82). Estos fueron ocho gobiernos que tardaron 17 años en El Salvador y 16 en Guatemala”.
Buscaron, en primer lugar, legalidad y legitimidad, “con constituciones que no respetaban”. Gobernar desde la institución militar, “constituyeron el fin del caudillaje militar”. Y en cada elección el ganador estaba predeterminado, “casi todos con procesos electorales abiertamente fraudulentos y escandalosos”. Y cada uno contaba con el respaldo de las oligarquías, “pluralismo cooptado por las elites”.
Luego, estos regímenes entraron en crisis…
Rivas dice: “La expresión eminente fue querer practicar la democracia y al mismo tiempo practicar la guerra”.

Es decir, los militares no puedieron administrar la democracia.
–En definitiva no. Quisieron gobernar semidemocráticamente pero no toleraban la oposición. No eran una democracia completa. Los fraudes electorales de Guatemala deben entenderse como oportunidades desaprovechadas por las insurgencias. Había descontento generalizado, posible unificación nacional-popular.

¿Por qué la crisis de la cúpula militar con golpes de Estado y por qué la transición hacía regímenes civiles, democracias… “democracias-contrainsurgentes”, como señala el libro?
–Todos estos cambios corresponden al trazado de una nueva política norteamericana en el ámbito internacional donde la Guerra Fría estaba terminando, a una muy cuidadosa estrategia trazada por el imperialismo norteamericano para Centroamérica: golpear al enemigo por la izquierda, abrir el sistema político por el centro, poner orden por la derecha. Los temas de la democracia y la violencia, las tradiciones oligárquicas y el cambio social, la guerra y la paz aparecían imbricados en ese nudo que en su opacidad nadie entendía. Los costos acumulados de la guerra convencieron a las elites de que el precio de la democracia era menor, por lo que superaron sus temores para negociar con la insurgencia.

Edelberto Torres-Rivas escribe con énfasis sobre este punto, al margen de los condicionamientos externos, en que los dictados de de Estados Unidos son el alfa y el omega de la política. “Trazaron una política sui generis, militarizar el poder y desmilitarizar el gobierno; dejar en manos de nuevas figuras políticas conservadoras el régimen, basado en los mecanismo primarios de la democracia política”.
“El Estado que enfrentó la guerrilla ya no fue la dictadura contrainsurgente sino la democracia contrainsurgente, lo cual algo significa en los cambios de la lógica interactiva entre revolución/castigo, presión popular/represión gubernamental”, como también señala el libro.

¿El resultado de todo es el juego de fuerza que estableció el Estado democrático y las ofensivas revolucionarias? ¿El empate en El Salvador y el impasse en Guatemala?
–La guerrilla prolongó su accionar frente a regímenes democráticos. Lo ocurrido se reconoce como un nuevo momento en el conflicto regional. Como una condición de empate en El Salvador y una situación de impasse en Guatemala. No hay claramente vencedores ni derrotados; es el destino de una guerra que juega a su prolongación porque pareciera que ésa es la condición de existencia de sus actores. Los movimientos revolucionarios que persisten tienen algún apoyo popular, pero no pueden acceder, en definitiva, al poder. Se convierten en una rutina política, al margen de la vida social y política que transcurre con normalidad. No pudo hacerse así en Nicaragua, donde el problema finalmente ya no era la guerra mercenaria que Estados Unidos dejó de apoyar, sino el problema político de sacar a los sandinistas del gobierno, que significó un cambio de sistema.

Es decir, la etapa democrática… allí donde se detiene el libro.