sábado, 10 de marzo de 2012

¡Ya lo tengo!, Conrado Alonso*




Poco a poco se van cerrando las puertas al ingreso de ilusiones. Vienen los hijos, llegan después los nietos, con un poco de suerte hay espacio para los biznietos, y paremos de contar.
Claro está que tampoco debe uno correr los cerrojos y encerrarse a cal y canto, porque más de una ilusión queda afuera tramitando su posible acercamiento. Un amigo, un disco compacto, un libro —entre pocos más—, son posibles reencuentros con el mundo exterior plagado de ofertas, no todas de excelente condición.
Como de amigos y de discos compactos no puedo quejarme (y muchísimo menos de los hijos y de los nietos), lamento haber caído en la tentación de comprar, hace meses, un ejemplar del Código Procesal Penal, a la venta en uno de los puestos callejeros que merodean el edificio de Finanzas como muestra clara de que la economía subterránea es inevitable.
Razón más que evidente tiene el dicho popular al afirmar que lo barato sale caro. Se trataba de un volumen mal impreso, con apariencia de una vulgar fotocopia, sin índice, sin notas, sin nada que le prestara un poco de dignidad, de la que debe gozar —o, al menos, aparentar–, un texto legal de actual e inmediata vigencia.
Después tuve la oportunidad de ver en manos ajenas una edición notablemente bien impresa del mismo Código "concordado y anotado con la jurisprudencia constitucional" y dotado de la exposición de sus motivos. Una edición pulcra, correcta, meritoria, con un precio unas 100 veces superior al del primero que adquirí, pero que, en tales circunstancias, es lo de menos.
No fue fácil conseguirlo en el mercado, hasta hace apenas unos días, cuando salió la quinta edición. De noviembre 1997 a agosto del 98 son cinco las ediciones que avalan su publicación. Todo un milagro editorialista, en nuestro medio, que debe tener gratamente sorprendidos a sus autores y que, envidias y fraudulentas copias aparte, debe ser un aliciente para todos.
Se lee, pues, en Guatemala y, más que nada, se agradece la buena presencia de dignos ejemplares. Aunque sea como instrumento de trabajo dentro del compactado y exclusivo mundo profesional de la abogacía, que también sabe distinguir la excelencia de la ramplonería. Así que, como digo en el título de esta columna, ya lo tengo, tengo en mis manos un ejemplar del Código Procesal Penal concordado y anotado por don Raúl Figueroa Sarti, quien no es abogado pero parece serlo.
Si a usted, caro lector, no le ha caído muy en gracia el tema de esta columna, o si ha encontrado un tanto insípido el desayuno dominical de hoy, no lo tome a mal. Un buen libro vale más que mil desayunos. ¿Me dice que usted no es abogado y que no le interesa el tema? Puede ser. Algún día caerá entre sus redes. Pida al cielo que su abogado tenga a mano este libro.

(*) Publicada en Prensa Libre el 27 de septiembre de 1998.

martes, 6 de marzo de 2012

Presentación de "Bestiario del poder"




Bestiario del poder, Plaza Pública

Plaza Pública es un medio online de investigación, análisis y debates, que busca lograr un periodismo de profundidad. Está especializado en la relación entre política y economía, la relación entre política y crimen organizado y en los temas sociales incómodos. Camina hacia este cometido con rigor periodístico y cariño por el lenguaje, gusto por la narración, y cierta aspiración literaria.

Esta misión literaria y su convicción de que a los lectores les gusta, hizo que surgiera una sinergia entre Plaza Pública y F&G Editores, que se materializó en este primer libro Bestiario del poder, probablemente, el primer libro sobre artículos periodísticos que se publica en Guatemala. Fue escrito por manos jóvenes; sus autores nacieron después de 1980.

En este libro, las investigaciones, reportajes, entrevistas y análisis se acercan de una manera desprejuiciada y alegre al poder de corbatas y en las sombras. Como lector podrá acercarse a los textos más profundos sobre el presidente Pérez Molina, la vicepresidente Baldetti, Manuel Baldizón, los hermanos Alejos o el ministro Sinibaldi. También a algo de los WikiLeaks o del refugio diplomático del prófugo  Erwin Sperisen, el rubicundo exdirector de la Policía.

La obra será presentada el martes 13 de marzo a las 6.30 de la tarde en la librería Sophos (plaza Fontabella, 4 avenida y 12 calle de la zona 10). Será comentado por la periodista Dina Fernández y el sociólogo Alejandro Flores junto a sus principales autores, Enrique Naveda y Martín Rodríguez Pellecer.

En un año desde que se fundó en febrero de 2011, con el auspicio de la Universidad Rafael Landívar, Plaza Pública consiguió en exclusiva los WikiLeaks nacionales, fue motivo de artículos periodísticos y de análisis en Estados Unidos, América Latina y Europa y citado por algunos de los más prestigiosos medios del mundo y de la región. Tiene unas 50,000 visitas mensuales y energía para muchos años.



Los autores

Martín Rodríguez Pellecer (1982) es guatemalteco, periodista, perseverante y alegre. Estudió, con premeditación, una licenciatura en Relaciones Internacionales en Guatemala y una maestría en Estudios Latinoamericanos en Madrid, en donde investigó sobre imaginarios de nación. Aprendió periodismo como reportero en Prensa Libre entre 2001 y 2007. En 2007 ganó un premio de IPYS-Transparencia Internacional por una investigación de corrupción parlamentaria. Es columnista en elPeriódico. Ha trabajado en Icefi, FRIDE y Flacso-Guatemala, y ha publicado en Clingendael, el Süddeutsche Zeitung y en Política Exterior. Es catedrático en la Universidad Rafael Landívar. Se ha ganado muchas becas y viajado por muchos países. Ciclista de ciudades, jugador de futío y de mímica. Está enamorado, es políglota, feminista, optimista estructural y activa por la democracia. Desde febrero de 2011 es fundador y director de Plaza Pública.

Enrique Naveda (1981) se llama a sí mismo periodista porque estudió periodismo, pero sería más exacto decir que es un curioso irredento, adicto a los libros y a conocer las cosas de cerca. Siempre le gusto más la literatura que las ciencias sociales aunque ahora, por razones que aún no comprende, se está volcando en ellas. Ha vivido en Dinamarca, en Italia, en Irlanda, en Guatemala y en España, donde nació. Si no hubiera nacido allí, seguramente algún viaje lo habría llevado de visita. Ha investigado para Interpeace, Mirador Electoral y para el Informe Estado de la Región. Escribió para elPeriódico de Guatemala durante cuatro años con mucho entusiasmo y algún acierto, y después pasó un tiempo en la Embajada de España, con algún acierto y algún entusiasmo. Siempre está a punto de terminar algo. Por ejemplo, en este momento, una maestría en estudios estratégicos en la URL, en donde ha dado clases. Es fundador y editor general de Plaza Pública. Fue premiado en cierta ocasión. Durante un tiempo atendió una gasolinera.

Ana Martínez de Zárate (1983) estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y un posgrado en Información Internacional y Países del Sur. Así llegó a Guatemala para trabajar en Revista D. Venía para tres meses, pero se quedó tres años, de los que trabajó un semestre como reportera de Plaza Pública. En la etapa universitaria soñó con ser locutora de radio, por eso trabajó en algunas radios como Radio Nacional de España; después quiso ayudar a cambiar un poco el mundo, por lo que estuvo en Unicef en la sede de Madrid y finalmente, quiso recorrerlo y poder participar en la transformación sin tanta burocracia. Por eso, acabó en Guatemala, donde se enamoró de Centroamérica, y soñó con hacer un periodismo en periodo de extinción: libre e independiente como el de Plaza Pública.

Luis Ángel Sas (1984) es un fanático del lado sórdido de las historias de policías y ladrones. Si fuera un personaje, probablemente sería uno de novela negra; quizá una mezcla de los periodistas y los detectives que aparecen en ellas. Ha escrito sobre el ejército, sobre el conflicto armado, sobre narcotráfico, sobre violencia, y ha destapado algunos pozos en los que otros preferían no mirar. Lo ha hecho siempre con respeto hacia la palabra bien tratada, hacia la frase rítmica, hacia la imagen poderosa. Tanto cuando estaba en la radio como cuando pasó por elPeriódico de Guatemala y por Plaza Pública durante el primer año de existencia de este último medio. Además, entre otros trabajos, participó en una investigación sobre poderes locales, elecciones y medios para Mirador Electoral en 2011. Sus artículos han sido reproducidos en América Latina.


domingo, 4 de marzo de 2012

Cómplices del silencio, entrevista a Vanessa Núñez Handal por Juan Diego Oquendo


Entrevista publicada en El Periódico el jueves 1 de marzo de 2012. <http://www.elperiodico.com.gt/es/20120301/cultura/208804/>.

La escritora salvadoreña Vanessa Núñez presenta su más reciente novela hoy: “Dios tenía miedo”, que narra la historia de Natalia, una joven de clase media que comienza a obsesionarse por el pasado de la guerra salvadoreña de los años ochenta y su investigación la lleva a conocer uno de los secretos mejor guardados de su familia. La autora se acerca al conflicto desde la óptica de los que no participaron, pero que dejaron que pasaran las atrocidades. Núñez vive en Guatemala desde 2002, ejerciendo en las universidades del Valle y Rafael Landívar. Núñez, autora de Los locos mueren de viejos, reside en Guatemala y actualmente coordina talleres sobre literatura, además de estar escribiendo otra novela. Sin embargo, conversamos con ella sobre Dios tenía miedo, que se presentó en la Feria de Guadalajara bajo F&G Editores y que ahora se presenta en el país.

Una cita de Julio Cortázar abre el libro. ¿Por qué este autor?
– La cita, pese a que Cortázar es de mis autores favoritos, no la escogí por él en concreto. Una amiga mexicana había dejado su tierra para estudiar una beca en Brasil. Estaba triste. Se cuestionaba mil cosas sobre su patria y la situación actual. Le causaba conflicto estar lejos y no poder hacer nada por México. Una madrugada de insomnio me envió esa cita de un poema de Cortázar. Le dolía su país, tanto como a mí el mío. Ahora que presenté el libro en Guadalajara, ella me acompañó y yo leí la cita. Fue muy emocionante para ambas. A los latinoamericanos nos duelen nuestras patrias porque 200 años después de su creación, seguimos sin saber quiénes somos.

¿Por qué trabajar la guerra civil salvadoreña desde la óptica de quienes no participaron en ella?
– Porque una guerra afecta a todos, y solo los bandos involucrados habían reclamado derechos sobre ella y sobre el dolor provocado por la misma. Pero quedarse paralizada, solo viendo los horrores, también es doloroso. Creo que esta historia no se había contado. Primero porque muchos creían que no había nada que contar. Segundo, porque muchos tenían –tienen– miedo. Y cuando se tiene miedo, o se huye o se ataca. En este caso la gente se lanza contra otros, sin entender que lo que les está impulsando es el miedo y no la necesidad de defender ideales que, al fin y al cabo, ni siquiera nos han pertenecido nunca.

¿Qué relación tiene usted con esta guerra?
– Crecí en ella. La guerra abarcó una buena parte de mi niñez y adolescencia. De los 5 a los 19 años. Mi generación y yo no conocimos otra cosa. Y creíamos que era normal vivir así. Mi familia, como muchas otras, se pensaba apolítica. Jamás hablábamos de la guerra en profundidad. Y el silencio termina por hacerte cómplice.

¿A qué se refiere el título “Dios tenía miedo”?
– A un tiempo de locura. La palabra Dios encierra una serie de normas que durante la guerra se transgredieron. A muchos de los que se llamaban cristianos les pareció bien y justo que un francotirador matara a monseñor Óscar Arnulfo Romero mientras oficiaba una misa. Creyeron que eliminándolo, eliminarían sus ideas. Y no fue así. Su Dios, el de los asesinos y de los cómplices en el silencio, estaba aterrado. Es una forma de ilustrar que durante la guerra dejamos de saber quienes éramos. Por eso, hasta Dios pagó la factura.

¿Cómo surge esta novela?
– Desde siempre quise escribir sobre mi país y sobre ese monstruo que aparece donde menos me lo espero. Comencé a leer mucho sobre la guerra. A preguntar. Me di cuenta de que hay tantas guerras salvadoreñas como personas. Que no existe “una” guerra, sino varias. Así que opté por contar la mía. Me fui a leer periódicos y libros de diversas fuentes. Había que saber leer entre líneas. La realidad estaba muy deformada. Y no digo que yo haya logrado encontrar la verdad, pero al menos sí tener clara mi película.

¿Le obsesiona a usted como escritora el tema de la guerra como a su protagonista?
– Creo que a todos los salvadoreños de mi generación, por mucho que lo disimulen, nos obsesiona la guerra. Precisamente porque aún no la comprendemos. Es una sombra sin forma. Algo que nos marcó, que conocemos qué sabor y qué olor tiene, pero no sabemos cómo nombrarla. Somos una generación especial y espero que de nosotros salga el cambio. Tengo mucha fe en ello. Pero antes, tendremos que hacer un gran esfuerzo por desmontar los mitos y los prejuicios, y esto solo es posible mediante la información que aún hoy día, muchos se resisten a escuchar.

sábado, 3 de marzo de 2012

RR, Javier Mosquera Saravia


¿Por qué el olor es la lombriz que se desliza entre la tierra y el silencio y apesta la conciencia? ¿Por qué termina en el miedo y llega la pesadilla? ¿Por qué la sangre, la tierra y los cadáveres? ¿Por qué los días corroen la carne y quedan sólo huesos, calaveras enmude­cidas, silencio? ¿Por qué el olvido?

***

Un poco antes de las nueve el camión empieza a llenarse de soldados. Van de civil y camisa verde olivo y armas que no acostumbran. Se acomodan en la carrocería. Bromas y bostezos. Fuman despacio. No les preocupa mucho la vida, ni miran al cielo. Allí, presienten, no hay dioses misericordiosos, sólo demonios. A las nueve al camión empieza a moverse. Las luces espantan un pedazo de oscuridad. Con cada ruido las doscientas manos aprietan los fusiles y se los ponen en los hombros. No pasa nada. Los bajan. Otro ruido, otro apretón, otro relajamiento. Es una extraña relación amorosa. Los hoyos del camino los sacuden obligándolos a la danza negra. Dos horas dura el baile. El camión se detiene en la entrada de esa comunidad con nombre de letra repetida.
Bajan del camión y, aunque separados, se mantienen unidos y miran a todos lados. Movimientos igualados. Se acercan a las casas, a las puertas indefensas. Las estrellas tiemblan asustadas. La oscuridad es escondite inamovible. Se acercan. Patadas. Las puertas rotas dejan entrar a la noche y la noche entra llena de golpes. Y entonces los brazos partidos, las caras ensangrentadas y la noche se lleva a rastras a los niños. Pero no, no es la noche la secuestradora.
Bajo el techo de la Iglesia se acumulan oraciones. Son tantas que se vuelven neblina espesa, humor desesperado en busca de esperanza. Aliento de miedo que se apodera de las hornacinas, de los nichos. Sube por las paredes del templo y empapa el altar de lágrimas. Las mujeres y los niños se abrazan y se sueltan y se vuelven a abrazar. Los santos de palo pierden las palabras y se quedan callados. Ni siquiera Dios sabe qué hacer.
En la escuela los hombres aprenden que no saber mata. El lenguaje implacable de las patadas. La aritmética de los culatazos, la geografía del miedo.
Unos gritos de niña se rompen en los muros.
Quien arrastra la inocencia y rasga los vestidos y aprieta los senos infantiles, quien abre las piernas indefensas, no es la selva. Los soldados descargan su semilla funesta en el sexo pequeño, vuelto ceniza. Al oír los gritos de la niña la noche rasga sus vestidos de estrellas, la luna se da vuelta negándose a ser testigo, los árboles callan amedrentados. Y ningún Dios mueve ningún dedo. Los gritos vuelven de cristal el aire y los corazones, y ambos se rompen en mil pedazos. El día se asoma tímidamente, sin alivio ni esperanza.
“Hay que vacunar”, se escucha en la radio. A las dos de la tarde un golpe seco y débil rompe apenas el silencio. Cabeza de trapo en fondo de tierra. Los sesos y la sangre humedecen el suelo. Pero muy poco. Después un aguacero de cabecitas inaugura el temporal de la muerte. Afuera los soldados bautizan a martillazos a los niños y luego los lanza al pozo. Uno a uno van quedando con los pies hacia arriba, en el fondo, como en formación, listos para entrar al aula del paraíso y recibir la lección del silencio.
De la Iglesia y la escuela salen dos ríos de lágrimas. Se juntan a medio patio y entre todo ese llanto nadie puede creerlo y menos hacer algo. Entonces empiezan a sacar a los ancianos y a las mujeres. Los llevan a la orilla del pozo, los arrodillan y les dan el mismo sacramento que a los niños. A las embarazadas les brincan encima del estómago. Siguen con algunos hombres, hasta la hora de cenar. El pozo, que nunca tuvo agua, ahora sacia su sed con sangre y lágrimas.
Después de comer, los soldados bromean un rato y más tarde violan a las mujeres y a las niñas que aún viven. Se acomodan bajo la noche y duermen tranquilos.

***

¿Por qué el revoltijo de sesos convertido en pensamiento inútil, esperanzas frustradas, ilusiones inservibles, amores truncados? ¿Por qué cabezas rotas sobre el suelo y más cabezas rotas sobre pies inertes y más cabezas rotas sobre más pies inertes, hasta formar una escalera desesperada que intenta, inútil, escapar?
¿Por qué todavía hay brazos que se mueven en un necio intento de atrapar la luz que se les escapa de los ojos? ¿Por qué a la noche le sigue la noche eterna? ¿Por qué no hay descanso, ni paz? ¿Por qué el silencio?

***

Los soldados se alejan caminando por la selva. Todavía dejan algunos cadáveres tirados en su retirada. Tres días después, ahorcan a las dos últimas niñas que guardaban para entretener­se. Suponen que no dejan ningún testigo.
Un niño sale corriendo y se viste de selva. Dedos palitos, manos ramitas. Se vuelve árbol y le salen raíces. Calla ahora, no vaya a ser que... Calla dentro de un ratito, no vaya a ser que... Calla algunos días, calla algunos años. Árbol con ojos providenciales. Árbol con memoria necia.
Días después llegan tractores y camiones. Y entre llamas y ruinas intentan purificar los olores del genocidio e invocar el olvido y la impunidad. En dos horas entierran hasta el último recoveco de memoria. Echan más tierra sobre el pozo, por si a algún muerto le da por resucitar.
Cuando empieza a crecer el olvido llegan ve­cinos de al lado. Ven el pozo y se niegan a creerlo. Siembran una semilla de amate para que sirva de seña. Se persignan y se van. Todo queda entonces a merced del tiempo.
Las raíces empiezan a crecer. Se alimentan de carne y sangre. Con los días a la selva se le alargan los brazos. Con los meses.... Agua, huesos húmedos. Polvo, calaveras solitarias. Con los años...
Después de mucha lluvia y sol, al fin los pájaros cantan. El pozo abre la boca y hace como que grita. La selva se llena de rabia.

***

¿Por qué en un día de sol con lluvia ponen los huesos en fila, con etiquetas? ¿Por qué los arman como un rompecabezas y les toman fotos y los meten en cajones? ¿Por qué vuelven a la oscuridad?
¿Por qué se niegan a callar el ratito que están fuera? ¿Por qué todo esto?
¿Nunca más?

“RR” forma para del libro de cuentos Angélica en la ventana de Javier Mosquera Saravia, publicado por F&G Editores en 2004 <http://www.fygeditores.com/fgangelica.htm>

viernes, 2 de marzo de 2012

Indice de “Guatemala: 60 años de historia económica (1944-2004)” de Alfredo Guerra Borges




Índice

Presentación de la Biblioteca Básica de Historia de Guatemala  / 11
Agradecimientos  / 13
Prólogo  / 15

Capítulo I
Los años precursores  / 19
La aldea dormida  / 20
Los años terribles  / 22
El despertar de la aldea  / 25

Capítulo II
Revolución y contrarrevolución  / 27
El gobierno de Juan José Arévalo  / 27
Arévalo: política económica  / 28
Arévalo: bases institucionales de la modernización  / 35
Reforma monetaria y bancaria  / 35
El estado de la industria y la Ley de fomento industrial  / 36
La Ley de fomento industrial  /  37
Consideraciones en torno a la Ley de fomento industrial  / 38
Instituto de Fomento de la Producción  / 40
El gobierno del Presidente Árbenz  / 42
Las obras  / 43
Las obras y la historia  / 45
La reforma agraria  / 47
El trasfondo agrario de la reforma  / 48
Un balance: ¿cuánta tierra se afectó y cuál era la
perspectiva de la reforma?  / 52
Refl exiones sobre el legado  / 54
La contrarrevolución  / 57
El significado de los hechos  / 57
Los hechos  / 59
Las obras  / 62
¿Qué hacer con la reforma agraria de Árbenz?  / 64
La nueva reforma agraria  / 67

Capítulo III
Los años del crecimiento y la diversificación  / 69
Introducción  / 69
El modelo de sustitución: antecedentes  / 69
La revolución del algodón  / 71
Los daños ecológicos  / 77
Carne para la exportación  / 78
Repercusiones sociales de la expansión agrícola  / 82
Café: el cultivo patriarca  / 84
Innovadores guatemaltecos de la caficultura  / 86
El cultivo de banano  / 87
Caña de azúcar  / 90
Café y azúcar al fi nal del siglo XX  / 93
El café  / 93
Los desafíos  / 95
El azúcar  / 96

Capítulo IV
Evolución de la economía en los años setenta  / 99
Fin de una época en el mundo  / 99
Los setenta y América Latina  / 101
El Mercado Común Centroamericano  / 103
Las negociaciones para superar la crisis  / 106
El desarrollo industrial  / 108
La política industrial  / 110
La reforma agraria en los años sesenta y setenta  / 113

Capítulo V
Otra vez el hundimiento  / 119
El peor entorno internacional  / 119
La crisis adentro  / 121
El vendaval económico  / 121
Los cultivos de consumo interno  / 123
Fin de la recesión económica  / 124
El vendaval político  / 124
La situación fi scal en los años ochenta  / 127
El retorno de los gobiernos civiles  / 130

Capítulo VI
Los años fi niseculares  / 133
Un ambiente mundial desalentador  / 133
Introducción a la economía interna  / 135
El ingreso a un nuevo modelo de economía financiera  / 136
Experiencias fi nancieras del modelo  / 141
El espectro de la deuda bancaria y su solución
por quien no la debía  / 143
Conclusión general  / 146
Apertura comercial y economía productiva  / 147
La integración regional en los años noventa  / 151
La reestructuración de la integración regional  / 151
La integración recuperada  / 152
La interconexión eléctrica  / 153
De cara al mundo  / 154
La integración con México  / 155
El Plan Puebla-Panamá  / 158
Dos grandes acontecimientos  / 160
Cincuenta años de reformas fiscales  / 161
La otra cara de la historia fiscal  / 163
Reseña de la negociación del Pacto Fiscal  / 164

Capítulo VII
Epílogo
Nuevo siglo, viejos ritmos  / 167
La Unión Aduanera Centroamericana  / 168
La expectativa de un acuerdo comercial con la Unión Europea  / 170
El sueño de algunos ya alcanzado: la integración con Estados Unidos  / 172
¿Qué hacer con la agricultura?¿Sustitución o nuevo modelo?  / 174
La cuestión agraria cincuenta años después  / 179

Anexo  / 183
Resúmenes de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria 1989-2004  / 187
Resumen sobre política fi scal, 1989-2004  / 187
Resumen sobre política monetaria, 1989-2004  / 196
Resumen sobre política cambiaria, 1989-2004  / 201
Acerca del PIUDH  / 207
Bibliografía citada y consultada  / 209

miércoles, 29 de febrero de 2012

“Dios tenía miedo”, de Vanessa Núñez Handal (fragmento)




54)


Tras varias semanas de combate entre la Fuerza Ar­mada y la guerrilla en San Salvador, los cadáveres yacían en bolsas de plástico. Eran soldados y guerri­lleros, pero también civiles. Los edificios multifa­miliares semidestruidos de los barrios populares eran testigos del horror.
La Zacamil, la Santa Marta, Soyapango, Mejica­nos. Saldos de ruina y muerte. Miles de familias sin casa, en duelo, heridas, desaparecidas. Eran civiles in­defensos, otros eran idealistas proactivos, otros, hom­bres hambrientos con armas y uniformes.
Diversos ataques terroristas han sido perpetra­dos en contra de Casa Presidencial de la Colonia Es­calón y el Consejo Central de Elecciones, así como de las residencias personales del presidente de la Re­pública, licenciado Alfredo Cristiani Burkard, y del presidente y vicepresidente del órgano legislati­vo. También han sido atacadas diversas brigadas de in­fantería, en las ciudades de Usulután y San Miguel, sin que hasta ahora los guerrilleros hayan logrado éxi­to en sus fines ilícitos.
Casas saqueadas, autos quemados, barricadas en las principales calles de la ciudad. Cuerpos de solda­dos o guerrilleros calcinados o detonados con grana­das, carnes colgando de los columpios junto a las pis­cinas rodeadas de palmeras, helechos y colas de que­tzal de las casas grandes. Manos inmóviles en su úl­timo intento por asirse de los barandales y al razor elec­trificado, que protegía los altos muros de las zonas re­sidenciales de la capital.
Pero ahora los muertos y heridos no eran anóni­mos. Esta vez tenían rostro y nombre. Eran amigos y familiares. Todos conocíamos a alguien que tenía algo que lamentar.
La Cruz Roja no se daba abasto, los bancos de san­gre estaban vacíos y los hospitales colapsados o des­truidos.
Pero ahí no estaban los que tenían intereses en la lucha. Ésos no se asomaban ni respiraban el olor a carne chamuscada y a sangre reseca. Ahora nos to­caba a nosotros, a los que nada teníamos que ver en la guerra, a los clasemedieros que habíamos he­cho de oídos sordos, pagar el saldo de una lucha sin sen­tido.
Es de suma urgencia expulsar del país a los jesui­tas ya que han dado apoyo al fmln, escondiendo ar­mas en las instalaciones de la Universidad Cen­troamericana José Simeón Cañas, desde inicios del con­flicto armado, y dicha situación ya no puede ser tole­rada, manifestaron varios radioescuchas vía te­le­­fónica.
“En otro orden de noticias, diversas familias han per­dido sus casas, haberes y hasta sus vidas en estos te­rribles cinco días de violencia, ya que, debido a los combates se han visto obligados a abandonarlo to­do y huir. Algunos, según datos aportados por ve­cinos, han debido cargar a los heridos desde Soya­pango. Los muertos fueron dejados en casa y no ha ha­bido forma de rescatarlos, aseveraron, ya que los gue­rrilleros se han refugiado en sus viviendas y han afir­mado que de ellas saldrán únicamente muertos. ‘Lo triste –dijo una de las personas entrevistadas y que llevaba una prenda blanca atada a una escoba, para señalizar que se trataba de civiles– es que antes de que ellos mueran, nos estamos muriendo noso­tros’.”
En la cercanía una ametralladora tableteaba al tiem­po que detonaciones distintas respondían, hasta que alguna de las dos cesaba en su estruendo.
Mirábamos al cielo con los ojos perdidos para bus­­car pequeñas luces que lo trazaban. A veces el rui­do de los helicópteros alertaba, pero no se lo­graba ver nada en la oscuridad del cielo de San Sal­vador.
Durante esos días de angustia, las noches pasa­ron lentas, y nosotros pendientes de las explosio­nes, de las bombas y de los disparos, que eran senti­dos por la piel antes que por los oídos, porque era el aire el que transportaba el temblor y el desasosie­go.
La Casa Blanca condenó la ofensiva guerrillera lan­zada el fin de semana último en El Salvador, y se­ñaló que la misma era una evidencia de los conti­nuos esfuerzos del gobierno marxista nicaragüense por imponer el régimen en Centroamérica.
Marlin Fitzwater, Secretario de prensa de la Casa Blan­ca, manifestó que el gobierno estadounidense espera que el presidente Alfredo Cristiani pueda ma­nejar la situación, la cual se constituye en el ata­que rebelde más fuerte en los últimos ocho años.
Mientras, por la televisión se anunciaba la actua­ción de Karmina y su Orquesta junto a Espíritu Libre, Fuerza 3, la Pandilla Luminosa y el Grupo Bongo en la Avenida Roosevelt de San Miguel... Ni pobre ni rico, ni joven ni viejo, ni bello ni feo, ni chele ni prieto, ni hembra ni macho, ni alto ni bajo. Todo es igual en San Miguel en Carnaval...

martes, 28 de febrero de 2012

Índice de "Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871", por Ralph Lee Woodward, Jr.




Índice
Presentación de la Biblioteca Básica de Historia de Guatemala / 15
Presentación / 17
Introducción / 21
Introducción del traductor / 27

PRIMERA PARTE
Liberales y conservadores
1. El peso de lo colonial / 31
2. Conservadores y liberales, 1821-1837 / 53
3. La rebelión de Carrera / 105
4. Morazán / 145
5. Consolidación / 171
6. El caudillo / 201
7. De nuevo Morazán / 235

SEGUNDA PARTE
El baluarte conservador
8. La República de Guatemala / 267
9. La revolución de 1848 / 293
10. La Arada / 345
11. El baluarte conservador / 373
12. El presidente vitalicio / 399
13. Nicaragua / 423
14. La pax Carrera / 447
15. El Salvador / 467
16. La transición al liberalismo / 491.

TERCERA PARTE
Cambios socioeconómicos en la Guatemala de Carrera
17. El desarrollo de la infraestructura en la Guatemala conservadora / 519
18. La producción para el consumo y la exportación / 547
19 Moneda y fi nanzas del gobierno / 583
20. La política social conservadora / 617
21. Educación y cultura / 639
22. Conclusiones / 669

Apéndice / 687
Principales casas comerciales durante el período 1860-1870:
sus propietarios y actividades / 687
Bibliografía / 691
Índice onomástico / 727